DE GIGANTES Y SUS OCASOS

Noviembre 10, 2013Editado por andesol

 

Escribo estas líneas mientras escucho la canción Memorias de Yayo Joffré y Los Jairas. La letra y la melodía de la canción calzan perfecto con los sentimientos de nostalgia que llevo en estos momentos. La vida me dio la oportunidad de conocer hace algunos años - y tomarme junto a él unas bebidas espirituosas en Ginebra - a este grande de la música folclórica de Bolivia, a quien no le pesó el orgullo de su renombre para charlarme aquella tarde (lo acababa de conocer) una y otra anécdota de su admirable vida. Hoy que sé que está sufriendo junto a su esposa Minón - Nicolás su hijo, a quien también conocí fugazmente, falleció hace una semana - me vino una tristeza profunda, como si fuese mi propia pérdida. Y en parte lo es. Desenterré todos los recuerdos que tenía de aquella corta visita y de la energía que me transmitió Yayo, a pesar de estar tan lejos de su país. Estos días pensé en los Jairas, en las canciones y proyectos que hicieron en los años 60 y 70, en sus sueños a pesar de las duras realidades.

Coincidentemente, aquella noticia me llegó cuando ayer el padre Pérez mostraba su decepción por la baja respuesta de la gente a la competencia ciclística que organiza FIDES, la vuelta a Bolivia. Yo recuerdo que hace unos años, cuando le preguntaban hasta cuándo pensaba organizar la competencia, él decía premonitoria y optimistamente hasta 2013. Parecía el futuro lejano. Bien, llegó 2013 y todo hace pensar en el fin de un ciclo, pues no hay visos de alguien que se haya apropiado de la iniciativa. En tono de decepción, Pérez decía que pensaba retirarse también del periodismo y la televisión.

Pensé también en el padre Obermayer y su gigantesca dedicación diaria a su obra, tanto que mi papá - cristiano, pensante - me dijo una vez: "Los cristianos deberían clonar a este cura", refiriéndose a la fortaleza y energía que él te transmite. Pensé en todos los que critican y que no pudieron construir (y no hablo físicamente) ni un décimo de lo que ellos critican. Hay gente a la que le sobra energía, pero le falta el cuerpo, y también al revés. Corroboré que no importa donde esté, cuando hay fuego éste siempre tiende a arder, pues ésa es su naturaleza. Y no solamente pensé en ellos, sino en todos los "grandes" que tenemos alrededor y que, poco a poco, se van apagando, no por ellos mismos, sino por nuestra indiferencia.

Mi última vivencia me confirma lo anterior. Las semanas pasadas, con esto de la organización del seminario, pasé más tiempo con Edmundo Garáfulic que con mi familia. Hace algunos años - lo conocí en el evento de la alcaldía del 2009 - él habría tenido la sartén bajo el mango y, a pesar que mantiene la misma energía del pasado, se notaba que el tiempo no lo perdonaba a él tampoco. Me agradeció y me dijo que habíamos hecho un excelente equipo. Yo sólo asentí a pesar que sabía dentro mío que no lo habría logrado sin él. Tanto él como Maria Elena llevan la vocación por dentro, que se traduce en dedicación y donde lo formal (la retribución monetaria) es sólo un medio. Como me dijo Ricardo sabiamente "lo habría hecho inclusive gratis". Esas son las personas que te demuestran lo que uno debería buscar para lograr una satisfacción personal, más que económica. ¿Idealismo puro?, puede ser, para quien no se lo crea.

"Faltan relevos"

Durante el mismo evento, aquella frase - expresada por uno de los expositores - me impactó mucho. Me dio un escalofrío pensar en el ocaso de los gigantes y de la responsabilidad que implica "tomar la posta". De hecho, por primera vez pensé seriamente en mi propio ocaso (lo había hecho antes, pero sólo como en una visión de cine, con todo armado, irreal). Quizá lo vi en la figura de las personas sabias - de aquellas que admiro, pero en realidad pensé en el mío, ahora que (tengo 35) parece sólo una posibilidad. Y sin embargo, también parecía una posibilidad cuando de niño me soñaba a mi mismo como un adulto de 22 años el año 2000, preguntándome si el mundo no se acabaría...quien iba a decir que pasaron ya 13 años de entonces y el mundo, enfermo sí, sigue adelante. Así, más que pensarlo como una posibilidad, hay que asumirlo - no vivirlo pues mi presente es el ahora - como un hecho ineludible.

Afortunadamente, el destino (mi Dios, si existe), siempre me envía las señales correctas. Sí, en el ocaso de mi vida quisiera mantener la vivacidad y espontaneidad que muestran los jóvenes, pero no su ingenuidad. Los facilitadores de logística de Sistemática (Jazmín, Dennis, Gabo) me devolvieron y contagiaron la energía que tenía diez años atrás, cuando hacía las cosas sin pensar demasiado - pienso en la gente del Inti Watana y del Comité Impulsor de la Ley de la Juventud - sino de puro corazón. También me gustaría alcanzar un mínimo de sabiduría, para tener una visión mucho más metódica, objetiva y organizada, fruto de la experiencia de los mayores.

Me veo en medio del camino, en la "cúspide" dirían otros, pero entiendo que aún soy un aprendiz, afortunado de tener la posibilidad de compartir cosas con los mayores y los jóvenes, sintiéndome un poco de ambos, pero ninguno a la vez. Vuelvo al tema de los gigantes: Mi admiración y alegría de tenerlos aún con nosotros, deseando contar con el tiempo suficiente para adquirir algo de ellos, para cuando ya no estén.

DIEZ AÑOS

Octubre 17, 2013Editado por andesol

 

En medio del mar de tareas y compromisos en el que me encuentro, no puedo evitar darme unos minutos para compartir mis percepciones respecto a lo sucedido hace diez años (y un día) en las mismas calles y laderas que hoy transito igual que entonces.

No estuve directamente involucrado (aunque recuerdo una llamada de amigos solicitándome unirme a las huelgas de hambre organizadas), pero sí me incluyo como uno de los miles de vecinos que, como todos, estábamos voluntaria o involuntariamente entre los gritos, consignas y balas (las escucho aún en mis oídos viniendo desde La Portada) de aquellos días. Recuerdo las madrugadas y noches ideando estrategias para obtener pan, verduras básicas (fresco o no ya no era el punto) leche y pañales, pensando sobre todo en Martín, que para entonces era todavía un bebé y que estaba bajo mi cuidado. Me acuerdo juntos en el cuarto soleado con vista al centro de la ciudad, él probando uno y otro juguete, yo frente a la computadora y un montón de textos fotocopiados, esbozando los capítulos de mi tesis. Si hay algo tangible que octubre de 2003 me dejó, fue el tiempo suficiente (encerrado en casa) para darle forma a mi tesis, algo que no habría podido hacer de otra forma.

Recuerdo también las salidas matutinas a pie, sea para buscar comida o para cumplir con los servicios de guía (increíblemente, salvo un par de días antes y después del derrocamiento de Goni, la agencia no dejó de operar), escalando las laderas hasta el aeropuerto, haciendo trasbordo en puntos críticos entre el Alto y La Paz, y explicando la coyuntura a turistas más interesados que temerosos por lo que veían alrededor. También me veo en contramano a la marcha programada, resignado ya a callar lo que piensas cuando no estás del todo de acuerdo pues, "si no estás con ellos, estás en su contra" era la consigna. En fin, me acuerdo en una contradicción interna, entre los planes para salir camino a la frontera del Perú junto a mi familia - realmente llegamos a pensar aquello - y las llamadas recibidas de los compañeros del comité de la juventud para unirnos al piquete de huelga levantado apoyando el proceso. Ni uno ni lo otro. Creo que aposté por lo aquello que significaba más para mi, mi hijo (Pablo no existía entonces), mi familia. No sé qué habría pasado si el conflicto se extendía unos días más, pero decidí no apuntarme ni excusarme explícitamente.

¿Qué queda hoy de entonces?. Obviamente, la historia la escriben los vencedores, y hoy todos se jactan de haber sido los líderes de una o tal revuelta...en realidad, pienso que nadie planificó el desarrollo de los sucesos tal cual...pero que si hay aquellos que realmente fueron mártires de aquel proceso (que fue sincero y espontáneo, de eso no hay duda), éstos no coinciden con los que están hoy a nombre de ellos en el Palacio de Gobierno. El problema para mi es que el resultado obtenido no fue aquel donde "Todos vivieron felices para siempre", sino que se impuso una lógica de revanchismo e intolerancia - recuerdo la marcha cuando se cortaron las corbatas a todo aquel que encontraban en las calles -, pseudo-descolonización y auto-discriminación al reconocerse "diferente a los demás", sólo por el hecho de tener la piel distinta a la del lado, o por hablar otro idioma. Ya me cansé de contar las declaraciones que, amparadas en la reivindicación, atacan aquello que no es igual a lo que "ellos" piensan, a tal punto de creerse que el proceso de cambio es patrimonio de un partido político o de una etnia. Y sin embargo, tenemos aún ideales.

Diez años después, más allá del discurso, las cosas han cambiado poco para muchos y mucho para muy pocos y, lamentablemente, siempre se da el micrófono a los segundos. Se ha avanzado, eso es indudable, pero me pregunto nuevamente si tanto sacrificio (se fueron cerca de 60 vidas en aquello) valió la pena para avanzar a conveniencia de sólo algunos.

Nosotros continuamos, quizá no con el letrero de "mártires", pero con la convicción que el cambio está en cada uno, en nuestras acciones, y no en lo que dices. Mientras tanto, poco o nada nos importa que los de siempre se rasguen las vestiduras para uno u otro lado, cuando a quien realmente necesita una mano no le interesa mucho si ésta es una mano de uno u otro color, sino la mano misma. Mi sincero y triste homenaje a quienes ofrendaron esas vidas detrás de sus ideales, y no a aquellos que hoy pretenden beneficiarse a costa de ellos.

GENTE MALA, MALA GENTE

Septiembre 25, 2013Editado por andesol

 

Hay un muro camino a mi trabajo con la inscripción "No hay peor dictadura que la que se esconde detrás de la democracia". Aplicado a los individuos, a sus actitudes, yo creo que dicha frase puede traducirse como que no hay persona más peligrosa que aquella que se disfraza de dócil, de humilde, de sincera...y lamentablemente cada día nos toca descubrir un montón lobos disfrazados de corderos, a veces, cuando ya están al acecho inminente.

Si bien ya tengo recorrido - no debería ser un incauto -, no deja de sorprenderme y dolerme, cada vez que me veo envuelto, directa o indirectamente, en los engaños de estas personas. En realidad, nunca fui ajeno a esto: comerciantes vendiendo productos inescrupulosamente, políticos prometiendo un bienestar colectivo para embolsillarse el propio, pastores vendiendo el cielo por sus propios intereses terrenales, ONGs viviendo a costa de la pobreza de la gente. La vida está cada vez más a la forma que dijo una vez Darwin, donde predomina la selección natural del más fuerte y vivo, sin ninguna contemplación de valores mínimos, que es lo que nos debería diferenciar de los animales.

Quizá no soy yo el indicado para decir esto pues, en fin, también tengo un montón de defectos. A pesar de esto, creo que en ninguna de mis peores actitudes guardo malicia, mala intencionalidad, burla. Me reconozco como una persona que puede hacer mal, sí, pero no conscientemente y, una vez que me percato, intento dejarlo y rectificarlo cuando puedo. No soy perfecto, lo sé. Así, prefiero ser expresivo a estar callado y hundirme en el silencio; prefiero ser franco y sincero a ser hipócrita, prefiero que me llamen mundano a rodearme de falsos profetas, prefiero derramar una lágrima que guardarla y que ésta me carcoma por dentro, prefiero dar un paso al costado, correr y que me digan cobarde que aferrarme al mismo sitio por la verdadera cobardía de no aceptar el cambio.

¿Qué viene, qué nos espera?. Tengo miedo, pero también tengo la confianza que siempre le tuve al destino, a esos pequeños detalles que nos envía para protegernos constantemente pidiéndote sólo estar atento para reconocerlos. Así lo hizo siempre, como cuando me mostró el camino a seguir - enviándome aquel espejo en Cársica, durante mi soledad italiana; como cuando me sacó del desierto (no físico, más bien anímico) de la frontera, cuando abortó aquel viaje a Japón como diciéndome "espera, hay un futuro mejor acá" del que no me arrepiento, como cuando me abrió los ojos a la realidad alguna vez, pasando el puente de la Pérez. Ya lo dije una vez, el destino es el mejor maestro: Te castiga hasta donde debe, pero siempre te da una ventana para que puedas recibir un poquito de luz, rehacerte, visualizar tus metas y cambiar de rumbo si es necesario.

Por ese futuro, porque a pesar que mi vida no es perfecta, se que continuaré poniendo lo mejor de mi parte. En realidad, a pesar de todos los lobos del camino, esos son simples obstáculos para que uno siga adelante y disfrute más de sus logros. ¿Qué le queda a la persona que vive del engaño?. No me interesa saberlo. Hay caminos que se cierran, otros que se abren...lo bueno es que sigue habiendo camino por delante. Ahí me voy.

DIA DEL PEATÓN

Septiembre 2, 2013Editado por andesol

 

Confirmado: Más puede la voluntad que el cálculo metódico, la obstinación activa que la queja constante de no hacer nada, en fin, el corazón rojo que el cerebro gris. La mañana del domingo pasado fue la excusa perfecta para probar éstas cosas que, de otra forma, seguramente lo habría evitado tendido en la comodidad de mi vida rutinaria, por no decir aburrida.

¿A qué viene tanta introducción metafórica?. Bien, a la iniciativa mía (sí, lo admito, medio dictatorial mi decisión) de pasar el día del peatón de este año - este día se instituyó cada primer domingo del mes de septiembre - bicicleteando junto a mis hijos por las pendientes caprichosas de esta ciudad, sin la obstrucción habitual de los monopolizadores contaminantes de cuatro ruedas.

Planifiqué un poco, eso sí. Deambulé los días anteriores buscando algún bicicletero para ajustar algunas cosas que el McGiver doméstico no podía (cambiar frenos, revisar alguna fuga en las llantas, engrasar la cadena, etc.), pero después de un par de intentos me di cuenta que los mecánicos deben ser de los más agradecidos por esta fecha pues tenían más trabajo que heladero en día caluroso ó vendedor de paraguas en lluvia, pues estaban haciendo su agosto, indicándome que tendrían tiempo "sólo en unos tres días". No, gracias. Luego de revisar todo, aposté a que podíamos hacer la vuelta con lo que teníamos: es decir, tanto Quebradora Negra de Pablo como Puma de Martín estaban bien pues las utilizaban con frecuencia. De hecho, me preocupaba más la mía, la Ramona, pues estaba en similar condición que su homónima cinematográfica. Finalmente me dije a mi mismo que en el peor de los casos, "Podría quedar como parte de la anécdota", y así, aposté a lanzarnos con más ganas que previsión.

El día anterior "empaqueté" las bicis además de media docena de sillas de plástico en el auto y dejé todo en el patio trasero de la casa de Alvaro, en Alto Obrajes. Me dio un poco de pena diplomática pero más bien alegría que él no hubiera podido acompañarnos en la mini caravana - se le rompió la cadena a su bici - pues aquello habría desvirtuado la cita íntima de padre-hijos, por otra combinación padre-hijos-cuñado (tío), medio rara. La idea era comenzar el giro en la zona Sur, ir escalando y llegar hasta la Plaza Avaroa terminando en la heladería "Rinascimento", para luego volver a la hora del almuerzo. Bonito plan...no sabía que el destino había hecho ya el suyo, mucho más interesante que el mío.

Domingo, despertar temprano como si fuera cualquier otro día de la semana...afortunadamente habíamos dejado listo ya todo el día anterior - excepto mi botella de jugo que en la prisa dejé en la cocina - y, en menos de una hora, estábamos ya de camino. La idea era llegar antes del horario de restricción y, aunque nos apuramos pensando que el tramo nos iba a tomar al menos una media hora, estábamos en sólo quince minutos ya frente al garaje de la casa. Todavía desaliñado, Alvaro nos abrió, y volvió a su sobre pues el día recién comenzaba para ellos (en ese momento, me contagió un poco de pereza). Luego nos invitaron a desayunar - no resistimos un api caliente con buñuelos y pasteles comprados de la casera de la esquina - y un poco leyendo periódico, otro poco compartiendo con la familia, dejamos pasar el tiempo.

Miré el reloj y ya eran pasadas las 10, hora de comenzar. Verificamos (bueno, verifiqué) que todo esté en orden y al fin nos lanzamos a la aventura sobre dos ruedas. La primera parte fue más bien fácil, casi plana, lo que me devuelve la confianza en el manejo casi olvidado de la bicicleta. Ni qué decir de los chicos que estaban como peces en el agua. Primera parada en la Piscina Olímpica - a la que Pablo re-bautizó como la papa frita gigante - para ver algunas competencias de los juegos estudiantiles plurinacionales. Sofoco el primer intento de sublevación para colgar las bicis y meternos a alguna piscina cercana...afortunadamente nos indican que por los juegos se habían prohibido las actividades libres ese día. "Qué pena", les dije medio burlón.

Luego vino la subida hasta los puentes trillizos. Me doy cuenta que la bici de Martín es la que menos fuerza tiene (no tiene cajas) y lo acompaño mientras Pablo intenta hacer una que otra escapada. Llegamos por fin al primer puente y realizamos el segundo descanso, mirando la ciudad tranquila, pacífica como su inmerecido nombre. Después de diez minutos, comenzamos el cruce de un puente a otro. Los chicos vuelan y detrás yo con mis gritos requiriéndoles mayor cuidado. Vuela una gorra (la de Martín) y al detenernos perdemos el impulso. A volver a escalar, saludando al Evo...bueno, al menos a sus edecanes frente a su casa, que nos miran con caras de cosa rara. Seguimos subiendo, observando cada vez más gente: Niños, mascotas, monopatines, parejas, cacharros, helados, cometas, etc. Tercer descanso en la acera de la embajada americana. Pablo se acaba su jugo; Martín, más previsorio, dosifica su ración. Llegamos al Multicine, segundo intento de sublevación de los chicos - querían ir al área de juegos - aplacado esta vez por el guardia que impide su ingreso con bicicletas. Pasamos por el Supermercado Ketal y, mientras converso con un amigo que encontré, nos invitan a participar en una mini competencia ciclística. Martín y Pablo se apuntan y si bien no ganan, reciben bastantes cositas para comer y continuar. A punto de doblar para la plaza Avaroa, les llama la idea de llegar hasta la Pérez, para ir a ver cualquier novedad, obviamente en juguetes. Yo no me opongo y continuamos la subida, ya un poco agotados.

Escalamos hasta la Plaza del Estudiante y mientras descansamos observo que todo El Prado, en ambos carriles, había sido tomado por la Feria Dominical. Miro el reloj: 13:03. Les propongo retornar y, más por el cansancio que por las ganas, decidimos volver, esta vez en bajada. Supusimos que iba a ser fácil pero pronto nos damos cuenta que no sería así al sentir el dolor en las manos al apretar constantemente los frenos. La brisa de la velocidad se convierte en adrenalina. Así, en menos de 8 minutos estamos de vuelta en San Jorge. Descansamos al lado de la estatua a Confucio. Nunca había leído el extracto de convivencia social de la columna: Lo leo en voz alta y veo que los chicos le prestan mucha atención. Debo conseguir ese extracto pues es bastante simple pero profundo a la vez.

El retorno se hizo muy agradable, sólo estropeado de cuando en cuando aplacada por rompemuelles o por algún que otro vehículo, con y sin autorización. Reprendemos a los infractores. Llegamos a la casa "sin novedad", aunque con las manos ardiendo por el esfuerzo. Esperaba almorzar de inmediato pero resulta que debemos esperar hasta las 15:00 mientras miramos una película (bueno, miran, yo quedo dormido en el intento).

Ésta es la pequeña aventura que tuve con mis hijos en un día cualquiera y a la vez único. No quería dejar en el olvido esta vivencia pues si bien parecería más bien un hecho simple, me dejó un montón de lecciones de vida, de aquellas que no se adquieren en cualquier momento o lugar. Compartí con mis hijos algo que había esperado o soñado hace rato. Verlos crecer, como personas de bien, ya no frágiles ni tan ingenuos como antes, sino cada vez más fuerte, más conscientes de su realidad y capaces de emprender más cosas por ellos mismos. Me voy dando cuenta que mi vida va pasando y, si bien eso tiene sus implicancias, hay cosas que te dejan satisfecho al saber que estás dejando algo "bueno" en este mundo. No soy pretensioso, pero tampoco humilde. Solo sé que algún día alguien leerá este fragmento y espero que entonces se pueda hacer tan fácilmente lo que en un 1 de septiembre de 2013 hicimos aquí, vivir una jornada completa padre-hijos, con la excusa agradable del día del peatón.

COMO ESPERANDO ABRIL

Mayo 13, 2013Editado por andesol

 

OK, suena despistado hablar de Abril a mediados de mayo, pero la avalancha de eventos y experiencias de estas semanas pasadas no me han permitido escribir antes, aunque lo ameritó más de una vez. Por eso mismo, prefiero escribir ahora, quizá sin la pulcritud y mínimo cuidado necesarios, pues tengo en frente el dilema de escribir algo o definitivamente no hacerlo, sabiendo además que las siguientes semanas estaré comprometido hasta en sueños con la redacción de la propuesta.

Pues bien, Abril se pintó esta vez muy atractivo: En primer lugar la noticia de la llegada de Silvio Rodríguez a Bolivia ya a mediados de febrero, encendió la llama de que algo especial vendría. Así, un poco en serio un poco en broma, nos planteamos junto a Carla ir hasta Santa Cruz para verlo. Sumado a eso, la posibilidad de viajar a Chile para tomar un curso en la CEPAL no me quitaba el sueño, aunque en realidad supongo que era una uno de mis sueños favoritos desde cuando decidí meterme a esta área de la Economía. Y bien, llegó abril y junto a él, actividad tras actividad en la oficina - es increíble cuánto avanzamos este año en relación a otros, hasta inclusive sobregirarnos en algunas cuentas - sumado a las apuestas y desafíos de Carla, y las actividades que ya son parte de nuestro cotidiano (el lago, las noches de póker, las visitas protocolares, etc.). De repente nos vimos frente a una ola de compromisos, de forma que el viaje a Santa Cruz vino como cereza a la torta.

Habría sido más fácil tirar la toalla y ver el concierto desde el palco anónimo de una sala frente a la tele. Definitivamente no, esta vez quisimos escribir una anécdota en nuestra discreta historia, para contar que estuvimos allí, la única y última vez que veríamos a Silvio, cantarnos al oído esas melodías tan repetidas, pero tan profundas al mismo tiempo. Y allí estuvimos, haciendo duetos y tríos con él, ensimismados como cuando estás, pero no estás presente. Realmente fue una anécdota de principio a fin, no sólo por el concierto, sino por los recuerdos incluidos: El majadito matutino, los loros de la casa de la tía Nancy, los correteos por conseguir el pasaje de retorno, el bloqueo evitado a la raya en Yapacaní, y el otro inesperado en Shinahota, la última conexión en el TAM, y el retorno a casita. Cada vez comprendo mejor a García Márquez con su frase "vivir para contarla".

Y luego vino Chile, pero con un entremés en Lojpaya. El día anterior al viaje, me llama mi papá para indicarme que debíamos ir a cosechar sí o sí, pues los bloqueos de semana santa nos habían impedido hacerlo antes. No podía negarme pues realmente este año no había contribuido mucho en el trabajo allí. Me hice de fuerzas y llegué a primera hora el sábado 20 (lo recuerdo bien, pues el día siguiente estaba grabado en mi memoria como la fecha del viaje a Santiago). Así, comenzamos a sacar las habas y el choclo, ya algo seco por la temporada. Concienzudamente continuamos sin descanso hasta casi las dos de la tarde. Luego, a desprender las vainas y a seleccionar las papas, tanto aquellas para semilla como las que se dejarían para hacer chuño. A las 17:00 estábamos molidos pero listos para el retorno con una colecta nada pequeña que llenaba el coche de principio a fin. El retorno sirvió también para conversar con mi padre sobre cosas cotidianas y otras no tanto, en algo que deberíamos realizar con más frecuencia quienes tenemos la dicha de tener un consejero así a tu lado. Mis manos estaban duras como el frio del altiplano, pero no importaba, pues desde el día siguiente tendría una agenda más bien sedentaria.

Y así llegó el viaje, cruzando la cordillera y pasando por Arica e Iquique, hasta terminar en Santiago. Comprobé que la lejanía del mar es realmente una lejanía mental, pues realmente está a la vuelta de la cordillera. Comprobé también que Santiago está a otro nivel, no sólo de La Paz, sino de muchas - o todas las - ciudades latinoamericanas que pisé, en términos de organización. Nunca fui nacionalista, pero dolió un poco aquella certidumbre.

Los días siguientes fueron de un aprendizaje continuo, no sólo en el curso, sino sobre todo en la forma de vida chilena. La rutina de habitar en el centro de Santiago, pasar por el metro y llegar hasta Vitacura me dio una imagen interesante de ese país. No obstante, añoré la claridad del día de La Paz, pero no su tráfico, ni las mañas de parte de su gente. Me sentí bien, incluso mejor cuando percibí que el tema del mar - fue la semana cuando Bolivia presentó la demanda internacional contra Chile en la Corte Internacional de la Haya - realmente importa poco para el común del ciudadano allí y que hay la percepción que no se perdería mucho cediendo algo frente a la demanda boliviana y que el lío se lo hace sólo el gobierno (así como el nuestro). No, ellos están con otros temas, de mayor relevancia.

Luego vinieron las vivencias post curso. El tour a Valparaiso y Viña del Mar, el hermoso grupo formado por Argentina, Colombia, Cuba, Ecuador y Bolivia (los nombres son lo de menos). Luego las visitas por cuenta propia al museo de la Memoria, al Palacio de La Moneda, a San Cristóbal y a Patronato. Realmente volví con el consuelo de haber visitado lo máximo que se pudo en esos cinco días adicionales. A eso se sumó la inesperada acogida en casa de Maria Cristina y Nicole, con una combinación tan absurda como un cuento de realismo mágico. Lo disfruté y el destino me apoyó con todo en esto.

Ahora estoy aquí, de nuevo sentado como si nada de aquello hubiese pasado. Estoy sintiendo de nuevo el frío de otoño, cambiado a invierno. Pareciera que la rutina me quiere devorar nuevamente, aunque mi respuesta constante son esas sonrisas inexplicables que llegan cada vez a mi rostro con cada recuerdo, recuerdos que me dicen que cada día es único, únicos como abril de 2013.

EL CRISTO DE PALACAGÜINA

Febrero 20, 2013Editado por andesol

 

El libro en blanco del destino no deja de sorprenderme. Si nunca en mi vida había pensado visitar alguna vez Nicaragua, retornar una vez más era simplemente inimaginable: Pero retorné. Ahora, ni bien llegado hubo la posibilidad de volver en una tercera oportunidad en abril de este año, pero como afortunadamente el destino tiene la variable "decisión personal", decidí que para otra será, aunque no se realmente cuándo.

La noticia del viaje me pilló en una disyuntiva emocional. Al fin y al cabo, se metió en medio de los feriados de carnaval y con agenda familiar, y no familiar, ya armada. Por otra parte, si bien fue un viaje de trabajo, en el pasado recibía incluso tales viajes con mucha expectativa y emoción: Esta vez no. Suspiré muchas veces pensando en alejarme nuevamente miles de kilómetros del hogar, de la seguridad de sentirme en mi medio natural, de la rutina y seguramente también de mis vicios. A esto se sumó el hecho que desde hace algún tiempo me reconozco como una partida de póker ya jugada y, por ende, con todas las cartas ya definidas - no lo digo con resignación, me siento feliz - y, por tanto, con cierta aversión a afrontar situaciones de riesgo. Quizá por eso mismo ya no paso los 100 en la carretera, me persigno más frecuentemente y dejo pasar algunas oportunidades.

Sobre el viaje: Bocina del carro de papá a la 1:30 de la mañana. Lluvia tenue. Espera agotadora. ARGO. Conexión wifi fallida en El Dorado. Paso fugaz por San José. Avioncito a hélice. Aterrizaje de vómito en el A.C. Sandino. VISA Fronteriza (la que nos traería anécdotas luego). Un limosnero que me grita "malo" en el parqueo. Hotel/pirámide de bastante renombre. Por fin estoy echado en la habitación 408 de un hotel de Managua. Es sábado por la tarde y hay que aprovechar al máximo estas primeras horas pues el lunes comienza el programa oficial.

Puede parecer muy mundano o corriente, pero para mí el primer elemento que define un país es su comida. Así, me abalanzo sobre el gallopinto, el menú típico del desayuno y del almuerzo y bueno, todo, excepto la comida de mar, para la que definitivamente no fui hecho. Martes por la tarde estoy con una talla demás, una rosquilla en la cintura, sólo comparable a aquellas de Tania y Franz. Afortunadamente las jornadas en el campo son menos abundantes.

Lo poco que puedo atestiguar de la visita turística a Nicaragua es la subida al volcán Masaya, el paseo por Granada, el paso por el mercadito artesanal a gastar unos Córdobas y las salidas nocturnas por los bares de Managua, desde aquel donde nos ganamos una botella de Heineken, hasta aquel - "El Ídolo" - donde casi nos animamos a cantar con los mariachis y los boleros. Luego vino el programa de la misión. Reunión tras reunión, pregunta tras pregunta, cafecito por aquí, y a mojarse la cabeza de cuando en cuando. Hay mucho por aprender, quizá replicar, aunque me surgen las dudas si seremos capaces de lograrlo, al menos sujetos a las condicionantes presentes y futuras.

El martes nos vamos al campo y, con la música Nicaragüense comprada por Jose Luis en el minibús, visitamos Yalagüina, un típico pueblo centroamericano, con gente pobre pero alegre, y con muchos jóvenes emprendedores. No hay atributo que retrate mejor a estos jóvenes que aquel de "soñadores", en todo el sentido de la palabra. Y después terminamos en una cooperativa de café, de mediocre calidad, pero con un hospedaje muy acogedor. Por la noche visitamos Palacagüina, un pueblo ya mítico por estar presente en las melodías de Carlos Mejía Godoy y por ser parte del territorio de operación el F.S.L.N. a finales de los setenta. Nos llamó la atención la canción que hacía referencia al "Cristo de Palacagüina", aunque nunca lo encontramos, pues al parecer el Cristo se refiere a todos los habitantes del pueblo.

Al día siguiente el paso por la frontera Las Manos hacia Honduras. Primera sorpresa. Somos devueltos por no contar con la visa correcta. Ahí, el grupo se disuelve. Sven y Jose Luis continúan, y nosotros retornamos a Managua a intentar hacer otro programa o volver de allí mismo a Bolivia. Segunda sorpresa. El cambio nos costaría más de 600 dólares por cabeza. Así que a ir a Honduras, sí o sí, aunque de mojados. Ahí nos vemos camino a la embajada y, afortunadamente, después de unos correteos de medio día - metidos en un moto taxi y cantando la canción “Volveré” - nos pegan la VISA de ingreso en el pasaporte.

No alcanzamos a tomar el bus en el día a Tegucigalpa, así que compramos el ticket de la madrugada siguiente en TICA Bus. Así, el viernes entramos por El Guasaule, con el corazón devuelto al cuerpo al cruzar la frontera. Tercera sorpresa. Si bien todos nos habían mencionado que Honduras es uno de los países más peligrosos del mundo, verlo en persona es diferente. Guardias con armas de grueso calibre, mallas con púas en cada propiedad, coches con vidrios raybanizados y un casi permanente sonido a patrullero o a ambulancia, son elementos que uno no puede dejar pasar. Además del obvio temor que siento me aqueja desde un par de días atrás un resfrío intenso - nada peor que resfriarse en el trópico - por lo que me quedo en el hotel, mientras preparo mi retorno intentando meter todo en la maleta, cada vez más pequeña.

La noche pasa sin novedad así como el retorno, eso sí quizá mencionar las deliciosas pupusas probadas en el tránsito por San Salvador. Así, como los tacos alguna vez, el gusto vino con la costumbre, y el recibimiento inesperado en El Alto a las 2:30 de la mañana con mis sobrinos -excepto los chicos que se fueron de pijamada a otro lado - con carteles, globos y abrazos, como si me hubiese ido lejos y hace siglos. El cariño, de todas formas, es el mismo.

¿Qué me deja este viaje? Lo de siempre. Intensos recuerdos (hermosos y también no tanto), varias anécdotas y aprendizajes - incluidos sobrenombres a los amigos como el Guapote, la Volveré y el Robertrotter - pero así también muchas interrogantes. Eso es lo lindo de conocer: Te quedas con las ganas de conocer más, que es la excusa perfecta para volver, o soñar con hacerlo. "Nicaragua, Nicaragüita" dice la canción, ahora te llevo en el corazón.

CH'AQUI VACACIONAL

Enero 7, 2013Editado por andesol

 

Primer lunes de trabajo de este año 2013. Antes de sumergirme en las actividades acumuladas durante estos días de receso (nunca mejor viene el dicho que "después del gusto viene el susto") hago una reflexión sobre las cosas que hice y aquellas que no pude realizar durante estos días pasados. Así, como siempre las vacaciones fueron todo, menos descanso. Claro, pasé un par de tardes botado sobre el sillón de la sala, con el sol en mi espalda, sea durmiendo, leyendo o probando algún que otro video comprado hace tiempo y nunca observado. Sin embargo, siempre tenía la picazón de hacer algo más (desde repintar el pasillo, jugar al albañil para arreglar o montar algunos accesorios, leer dos páginas de varios libros pendientes, cocinar, trotar, probar al profesor con mis hijos, etc.), es decir, todo aquello que mínimamente pueda justificar estar parado y que no me cobre luego un remordimiento de conciencia en el trabajo. En general, estoy muy satisfecho.

Las vacaciones también trajeron un par de gratas sorpresas: La compra inesperada del automóvil que reemplace al irremplazable Pyzar Blanco y la llegada de mi hermana y mis sobrinos desde Brasil, para pasar las fiestas. Ambas cosas las manejamos casi sin pensar, al punto en que varias veces me pregunté si estaba tomando las cosas muy a la ligera. Ahora veo que - con o sin demasiada reflexión entonces - tomamos las decisiones correctas, aunque el tiempo lo dirá.

También viajamos, esta vez a Sucre y Potosí junto a nuestros compadres y, quizá si la idea era pasarla de mochileros como lo hicimos el año pasado, al final terminamos en hoteles relativamente costosos donde la variable de decisión - al menos para Martín y Pablo - era saber si había o no TV Cable en las habitaciones. Parque cretácico, Sulka, documentos casi extraviados, trotecito matutino en el Parque Bolívar, show de aguas, Casas de la Libertad y de Moneda, aguas termales en Miraflores...uff, a pesar que hicimos mucho, aún quedé con la sensación que quizá pude hacer más en este viaje, sobre todo en alimentar el relacionamiento necesario con los chicos y con Carla.

Este año tuvimos también una seguidilla de encuentros: Sea en casa con los suegros y con mi familia, sea en la casa de Fati con los cuñados, sea en la casa de mis papás con mis hermanos, etc. Si bien estos encuentros combinan mucha alegría, es también cierto que te dejan exhausto. tuvimos correteos y desacuerdos sobre todo el 25, pues estábamos presionados con la salida nocturna a Sucre y con un almuerzo que terminó siendo un cuasi té de la tarde, mirando el reloj para no atrasarnos. A pesar que prometimos relajarnos más en el futuro, tengo la sensación que dichos compromisos comprimidos serán irremediablemente repetidos en el futuro.

Finalmente, todo lo anterior se aderezó con otras actividades inesperadas: Fin de semana final (madrugada de lunes incluida) clavado en los servicios con la agencia de viajes, una invitación al matriqui de Javier, quien después de todo resultó ser mi mejor amigo que recuerde de la universidad, y un intercambio de regalos con los amigos guías de turismo. Allí encontré a Grace, después de su accidente volviendo en flota de Oruro, cuya presencia me recordó la fragilidad de la vida y del destino, que está y no está en tus manos.

En fin, como todo año - pero especialmente éste último - el fin de año tuvo una mezcla de actividades que me dejaron muchas sensaciones, positivas y negativas (estrés, des-encanto, consumismo, mucho amor / cariño). Estoy con la resaca de todo lo acaecido y, si bien físicamente mi cuerpo quiere un poquito más de descanso, parafraseo agradecido a García Márquez, pues de tanto en tanto "confieso que he vivido", y estoy seguro que aquello es lo mejor que puedo hacer en esta corta, cortísima vida.

 
 
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