ICONOS URBANOS PACEÑOS

Noviembre 20, 2014Editado por andesol

 

La anterior semana paseé (que es distinto a "pasé"), después de mucho tiempo, por el caótico centro de la ciudad de La Paz. Mis recuerdos frecuentes de esas calles me ven esquivando a un montón de transeúntes (oficinistas, enamorados, minusválidos, ancianos y comerciantes las más de las veces, etc.), pero también objetos (minibuses, carritos callejeros, bultos minoristas, carteles de almuerzo, etc.) para llegar a "marcar", con el dedo salvador de descuentos ediles. Esas carreras no te permiten percatarte de los detalles y la monotonía hace que sólo te queden imágenes sin cuerpo ni identidad.

A pesar de aquello, hay elementos que sí desarrollan su propia identidad, algunos de forma genérica (los vendedores de maíz de la plaza Murillo, las mismas palomas cagonas, los lustra calzados de la Pérez, las cebras de cada cruce, los buses y sus escapes interminables, los baritas impotentes, los vendedores de dulces del bus 2, etc.). Pero no son aquellos a los que me refiero esta vez, sino a los que identifico como únicos y, sin quienes, cada calle no sería más que un nombre casi siempre desconocido.

Ahí están por ejemplo, la pareja de ciegos que en la esquina de la plaza Murillo, frente al Museo Nacional de Arte, van cantando melodías simples, con gusto a pasado pero con sentimiento presente. Caminado por medio de la Comercio, me place encontrar después de tiempo al bailarín de música chicha con sus parlantes de combate pero con chalequito nuevo, bailando ya con estilo antiguo, pero con la misma pasión de siempre. También está cerca al reloj de la Pérez el vendedor de chocolates que, a pesar de sus limitaciones motoras y de voz (compuesta sólo de gritos indescifrables), vende más que cualquier ejecutivo de ventas empaquetado.

Hay gente que es conocida por el simple hecho de ser político, músico o futbolista, pero que vuelven al archivo tan pronto la "fama" se les acaba (¿Quién recuerda aun a Mateo Laura, a Los Signos ó al “coqui” Hirano?); y es que - no es que no se lo merezcan - pero es gente que ha subido y bajado como una montaña rusa, así, fugazmente. Al contrario, me gusta la gente que trabaja día a día, no con el objetivo de ganarse un prestigio y visibilidad, sino por lograr cosas tan simples como vivir, pues lo demás, tarde o temprano llegará, y si no llega, realmente no importa. Las cosas existen, más allá que se pueden ver o no, y justamente, lo mejor es poder ser sin la necesidad de verse.

Pienso en íconos urbanos como la gringa "paca" de la curva de la Plaza Humboldt, el "Maradona" que camina mostrando orgulloso su camiseta y su cinta descoloridos, el vendedor de periódicos del Mercado Yungas, el barita improvisado de la Murillo y Cochabamba, la vendedora de Sándwich de Chola al final del Estado Mayor...en fin, ¿Qué sería de esta ciudad sin estas personas que le ofrecen cada día su trabajo y originalidad?.

De cuando en cuando visito el Museo Costumbrista y en sus vitrinas polvorientas veo nombres de personajes que fueron íconos del pasado, o también cuando leo un libro, me hablan de otros personajes que marcaron su historia (La Adrianita, el Pinto Limachi, el Maiquina, Liborio el Torero). Me apena no saber más de ellos y, quizá por ello, quise escribir algo de aquellos que hoy y de forma anónima, van escribiendo las historias que hacen de esta ciudad una experiencia y que esperemos no terminen cuando terminen sus sacrificadas vidas.

ABRUMADO

Marzo 13, 2014Posted by Someone

 

…rácquet de 8 a 10. TdRs para mañana. Reunión tras reunión. El avión desaparecido en Malasia. La carrerita a mediodía y el semáforo que no funciona. Las explosiones de la marcha del día. Las frases populistas y demagógicas en la radio. Evo hasta en la sopa...en fin”.

Durante estos días me encuentro en una especie de trance (o transición), como cuando uno escala desde los Yungas, y se encuentra en medio de una neblina terrible para luego – bueno, es lo que espero - pasar por la cumbre y llegar a la transparencia del altiplano y la gris ciudad. Estar en medio de la neblina es pasar por momentos cuando no distingues bien lo que es de lo que parece, lo que quieres en el momento de lo que realmente aspiras, tu norte; cuando realmente te cuesta agarrarte, apoyarte a algo, pues no distingues bien qué es lo que buscas. Durante trances como éstos estoy demasiado expuesto a los sucesos que normalmente no deberán inmutarme. ¿Cómo explicar entonces los suspiros sinceros al finalizar tal canción o los latidos convertidos en casi lágrimas al terminar una película o un documental?, o las inexplicables discusiones con Carla por temas que en realidad son cuestiones domésticas. Ansiedad e impaciencia, son compañeras indeseables hoy en día.

¿Por qué me encuentro así?. Realmente no hay una respuesta a aquello y, aunque intente buscarlo, no tengo claro qué es lo que realmente me pasa. Entiendo que responde en parte a una tensión por saberme en el punto de inflexión de mi vida – no es coincidencia que escriba esto a mis 36 -, como cuando uno acaba de lanzar todos los dados del cacho y tiene que arreglárselas con lo que ha obtenido. No es un tema de insatisfacción, no. Ya lo dije y lo reafirmo: Estoy contento con todo lo que coseché y lo que murió en el camino. A pesar de esto, sí es un tema de saberme ya en el límite de mis posibilidades. De alguna forma, creo que he dejado de soñar y eso me asusta, pues el sueño, la utopía son la energía que hacen que sigas esforzándote, aspirando a más. Tengo aún muchos proyectos (que el negocio, que la casa, que el libro), pero quizá me falta colocarles a ellos el alma que necesitan. Estoy contrariado entre las opciones que, por un lado, las cosas que debes hacer deben ser “casi” perfectas y, por otra, en la presunción que hay cosas que son más simples y que no hay por qué complejizarse, y mi vida y mis emociones van como un péndulo entre éstas. El mismo escribir en este espacio me ha sido cuestionado últimamente. Me leo y siento que mis vivencias pasadas tuvieron bastante de ingenuidad, pero que al mismo tiempo fue esa ingenuidad la que alimentó mis deseos de seguir adelante, y lo logró.

Estos días estoy también bastante crítico conmigo mismo, quizá más de lo que debiera. Que no debo escribir por escribir (como lo hago en este momento), o mirar por mirar la tele, o inclusive el mismo leer, se convierte en un alto costo de oportunidad frente a otras cosas. Quizá todo lo anterior son excusas para simplemente no hacer nada, no sé en realidad. Que hago lo que debo hacer por costumbre y priorizo las tareas por sentido de supervivencia. Estoy crítico conmigo mismo, repito, quizá más de lo que debiera.

A pesar de esto, siempre hay luces en el camino, y hay certezas: Está mi familia, empezando de mi Laika querida y su permanente ternura. Están mis hijos, fuente y destino de mis convicciones, anhelos y explosiones. Está Carla, mi compañera, luz y sombra en mis días grises. En fin, si bien estoy abrumado durante estos días, sé que sigo vivo y que lo más importante está conmigo.

HOY PUEDE SER UN GRAN DIA

Enero 6, 2014Editado por andesol

 

Primer día de trabajo del 2014. No sé que fue más fuerte, ó la pereza ó el catarro temporal que me ataca, que demoró mi salida de casa. Finalmente, entre unas gotas grises y conocidos sonidos matutinos (campanas de carros basureros, ladridos de perros y un zumbido permanente del centro de la ciudad despertando) voy camino al trabajo, esquivando charcos, transeúntes despistados y chóferes negligentes..."ya viene el puma", pienso dentro mío, esbozando una tibia sonrisa.

Los veinte minutos entre casa y el trabajo no dan para revisar todo lo acaecido estas últimas semanas de vacaciones. Se me vienen imágenes, sí, pero sólo como destellos sin meditación previa...no obstante, cuánto cargan de vida cada una de ellas!. Han sido sólo dos semanas, pero me parecieron meses desde que dejé este escritorio, que esperaba encontrar empolvado, como si habría partido años atrás. No. Retomo mi agenda, mis contactos, pero antes de empezar decido escribir sobre lo que dejó este fin e inicio de año, al menos en el plano emocional (pues de dinero, éste se fue con el 2013).

Quizá ya con las experiencias pasadas, decidí no hacer una planificación de que hacer o no hacer durante los días pasados. Mi palabra favorita últimamente se llamó "sorpréndeme", como queriendo dejarme llevar donde me lleve el corazón (y bueno, también la razón). Así, si bien habían cosas ineludibles (la cena navideña en casa, el almuerzo del día siguiente en casa de Fati y la de fin de año en Villa Adela), lo demás vino espontáneamente: El repintado del pasillo, la reorganización de la habitación de los chicos y la nuestra, despedirnos de un montón de ropa y sus recuerdos (aunque nos quedamos a medio camino en esto), las compras esperadas (los regalos navideños) y aquellas inesperadas (la lavadora, el dichoso térmico de la ducha que en mi ingenuidad ingenieril creí quemado, las plantas coquetas, etc.). En fin, maticé esto con tardes tendido en la sala (mi burbuja favorita de paz y quietud), o deambulando por las calles serpenteantes de la cuidad, no recorridas hace mucho tiempo.

También quedan las vivencias. El tour de medio día concedido a mis sobrinas a Tiahuanaco a manera de arreglar ciertos trámites, la noche y madrugada de póker en casa de Edwin, el picnic de año nuevo en Pucamarani (el original nombre dado a Pucarani por Pablo) y el viaje a Lojpaya a ver mis tierras y a disfrutar con a familia (jajaja, hasta aire de terrateniente deja está última expresión). Hasta tuve tiempo de trabajar durante estos días, en dos ocasiones dejando en la oficina encomiendas (papeleo pendiente) de Oruro y Potosí recogidas de la terminal, y revisando algunos horrores de las contrapartes y hasta visitando la Isla del Sol ayer. En pocas palabras, si tuviese que describir estos días, diría simplemente que fueron "bien vividos".

Hoy, frente a los documentos acumulados la gestión pasada y en pre-vísperas a un nuevo año más de vida, me pongo a abrir el cuaderno blanco que es este año, ya con un montón de expectativas (nuevo programa, nuevas asignaciones, nuevas metas, nuevo quién sabe qué) y con buena cara frente al destino incierto. Hay que ponerle una carátula a este inicio. Así, si el año pasado bauticé al inicio de año con un chaqui vacacional, hoy sólo me viene la frase repetida por Serrat en su canción: "Hoy puede ser un gran día", o sea un día, un mes una año, sólo depende de cada uno...(así que) duro con él.

 
 
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